...No pude evitar sentir cierto espacio en el pecho, un espacio lleno de frío, así como tampoco pude contener las ganas de llorar, y mis lágrimas, incansables comunicadoras recorrieron libremente su cauce cuesta abajo en mi cara.
Sentía unas ganas de ver a ese amor que me atormentaba el corazón.
El cerebro dejó las riendas de mi cuerpo, para que el corazón actuara a su libre antojo.
Mis piernas ya no eran piernas, eran ganas de salir corriendo a tu encuentro.
Mis brazos ya no eran brazos, eran fuerza para abrazarte.
Mis ojos ya no eran ojos, eran luz. Luz y agua. Agua.
Mis labios dejaron de ser labios y se convertían ese alguien que extravió su hogar, su guarida. Su refugio, donde encontraba mitigo para su locura, sus ganas de beber, de comer, de sentir y de amar.
Pues yo, ya no era yo, era toda yo ganas de ti.
Ganas de volver a lo mismo...

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