Unas cuantas mariposas traviesas y juguetonas, es lo que empecé a sentir. Recuerdo haber sentido esa misma sensación hace unos... ¿2 años? Algo así.
-De donde vienen tus lágrimas. Ahí mismo quisiera estar yo.
-No sé de donde vienen mis lágrimas.
-Salen de tus ojos y eso me basta, están en tu interior. Quisiera estar dentro, muy dentro de ti. De ser posible, en tu corazón.
-Eso no tiene nada de sentido. No puedes estar dentro de mí, y menos en mi corazón.
-Sabes que hablo en sentido literal, ¿porqué me haces esto?
-Por que te hago que. Si hablas literalmente, te entiendo, pero te repito, para mí no tiene sentido. Los sentimientos están en el sistema límbico, no en un tal corazón. Ese solo late, 70 veces por minuto (cuando él esta conmigo, unas 100 por minuto, pero no le digan). Además, que estés ahí dentro, es tonto. Estas en mis pensamientos, en mis estímulos, no en mis estructuras cerebrales.
-Me encanta tu ironía. Tu estúpido sentido de la realidad.
No, beibe. Yo no tengo ningún sentido de la realidad. Solo contigo, que no me inspiras ni un poquito de confianza, me tratas como si tú me estuvieses haciendo un favor. Si supieras que soy la más cursi. Que desde que lo conocí, creo que el amor a primera vista, yo que siempre dije, que es solo atracción. Pues esto es amor, un amor que desde hace tres años, crece poquito a poquito cada día.
Que lo veo y tiemblo.
Le dije a un amigo, que me reprochó que como pude enamorarme de él: El amor no se escoge, solo llega, el te escoge a ti, y a la persona de la cual te enamoras, solo llega, se te alborotan las mariposas, te sudan las manos, te sonrojas cuando te mira, tiemblas cuando estas cerca de él, sientes que se te doblan las piernas, se te traba la lengua... El corazón te late rapidísimo y a la vez sientes que no late.
Y así me llegó a mí.
La primera vez que lo besé, sentí la inocencia de ese amor.
La segunda, tenía ganas de vomitar a esas pinches mariposas, que me llenaban el estómago, subían por mi esófago, incluso revoloteaban en mi faringe.
La tercera, temblaba, y él me abrazó y me dijo que no lo hiciera, que porque temblaba. Le explique sencillito y breve: Porque me encantas. Una mariposa traicionera, de esas de mi faringe, se logró colar entre mis conductos lagrimales, donde las glándulas lacrimales, se encargaron de hacerla lágrima y que se me escapara por un ojito.
No ha habido cuarta vez, ni quinta ni sexta ni las que siguen, porque les juro, sé contar. Sé hacer operaciones matemáticas básicas (y otras no tanto). Le sumo horas a los días, para pensar en ti. Le resto tristeza a mi corazón, con solo mirarte. Mis alegrías se multiplicaron, cuando te besé. Divido mis penas, cuando me desahogo contigo. Mi mirada se ilumina aritméticamente cuando se encuentra con la tuya. Mi sonrisa crece exponencialmente cuando tú me sonríes. De ti derivo toda mi alegría. Simplemente eres la raíz de mi enamoramiento. Eres la integral de mi corazón. Y las funciones de mi corazón (sistema límbico, perdón) simplemente se centran en ti.
Sentí que unas mariposas se querían salir por mi boca, convertidas en miles de "te amo".
Por suerte, solo era el humo lento de un cigarro magenta, que olvidé que estaba fumando.
Si no duele al punto que te quieras arrancar el corazón a pellizcos y vomites todos y cada uno de tus órganos internos, no es Amor.













