Pretendiendo y jugando, a que él eres tú, y a que yo soy tuya...
Y pretender que seguimos jugando
ese divertido juego, que al pasar eres tú y que yo volteo, que me pedirás que
vaya contigo, que iré contigo. Quizás sí.
Pretender que tú eres él, y que
yo soy tuya, y que el tiempo es nuestro. Y que puedo quedarme un momento,
quizás otro poco, no más de lo necesario. Necesario para que...
Necesario para pretender decirte
que te amo, que estés conmigo siempre, que te necesito; pretender abrazarte,
decirte que son tus brazos lo que necesito, la medida perfecta de siempre, mi
abrigo para esas noches frías que he pasado sin ti.
Pretender besarte y decirte que
esos son los besos que me hacen vibrar, pretender que me acaricies la cara
mientras ves mis ojos fijos en ti, pretender que así queremos estar siempre.
Pretender decir que eso es todo lo que necesito. Quédate conmigo.
Pretender que nadie puede darme
lo que tú me das, ni a ti, lo que yo te doy. Pretender que somos el complemento
perfecto. Pretender que el atardecer es nuestro. Y que las estrellas que trae
la noche, también lo son. Y que el nuevo día, es nuestro. Todo es nuestro.
Pretender que es nuestro.
Pretender que no me has herido,
pretender que te sigo amando, pretender que me quieres tanto, pretender que
eres conmigo, que eres mi fuego que no se ha consumido, que sigue ardiendo.
Pretender que no nos vamos a ir,
que yo no te dejaré de amar, nunca. Pretender ser eternos tú y yo.
Pero no, tú no eres él, ni yo soy
tuya, ni el tiempo es nuestro.
Yo no te amo, ni amo el tiempo de
tus efímeras pretensiones, perversiones efímeras, de un fuego que ya no arde,
que ni cenizas ha dejado.
Que yo ya no amo unos ojos que al
mirarme me decían… Nada, nada me decían.
Que tus brazos, tus besos, tus
caricias, nunca han sido lo que yo necesito. Que cualquiera te hubiera podido
dar más amor que yo. Y a mí, también.
Pero yo lo he encontrado, ahora
soy feliz, y no es contigo, es una felicidad eterna, inmensa, apacible e
inofensiva. Es él, y él no eres tú.
Quédate. Quédate en mi vida, y ve
lo feliz que soy con él. Mejor vete, soy muy cruel.
Imagina como él me besa, como él
me abraza, como él me acaricia. Mejor que tú.
Él no eres tú, yo soy de él, y el
tiempo es nuestro, los atardeceres, y también las estrellas y los días. Y lo
amo a él, me ama a mí.
Lo notas… Ya no te necesito en mi
vida, como jamás te necesite.
Puedes pretender que te quiero
aquí, puedes pretender que no quiero que te vayas, pero mejor, puedes pretender
que me dolerá que salgas por esa puerta, para entrar al limbo de mi ausencia.
Puedes pretender, pero yo no te puedo creer. Así que si sales, no sé a quien
sí, pero a mí… A mí no me importará.
Pretende…

No hay comentarios:
Publicar un comentario