-¿Qué ha pasado por aquí?- Pregunta algo dentro de mí, una voz en la que noto un poco de tristeza, de melancolía, de preocupación y de añoranza.
-¿A que te refieres? -Le respondo queriendo ocultar sentimientos, pero quedo en evidencia al decirlo con una voz que se quiebra, y en la que se vislumbran algunas lágrimas ahogadas- Aquí no ha pasado nada.
-¿Dónde esta ella?-Insiste, quiere saber porque estoy sola. Lo hace con una voz tierna y cada vez más inquieta por encontrar una respuesta. Tan inquieta que parece que en cualquier momento puede romper en llanto...porque la extraña.
-No sé a que te refieres. Siempre he estado sola. -Le miento un poco, quiero mostrarme fuerte ante ella, que ahora parece tan débil, tan susceptible, la tengo que cuidar y proteger.
-¿Cuánto tiempo llevo dormida? ¿Hace cuanto que ella se fue? -Insiste mucho y no sé que responderle. No quiero que siga presionando, o las dos comenzaremos a llorar por una ausencia.-No me mientas ya por favor- Me lo pide con una voz a la que sería imposible negarse a lo que pida.
-Llevas mucho tiempo dormida. Ella se fue, es cierto. -Se lo digo, ya no le puedo mentir, después de todo, ella me ama, confía en mí, y yo no la puedo defraudar. -No recuerdo hace cuanto, es más, se fue sin que yo lo notara.
Ella llora, no lo soporto, y lloro con ella también.
Pues no sé en que momento dejamos de ser amigas, no recuerdo en que momento ella dejo de confiar en mí, o yo en ella, no sé que paso primero. No sé cuando ella se alejó, o yo ya no la deje acercarse. No sé en que momento me dejó sola, o yo a ella... Da igual, ya no recuerdo nada.
Así que mi niña interior, y yo, lloramos desconsoladas, no sé porque, si el llorar, no va a hacer que ella vuelva. Pero lograremos sentirnos mejor.
No mucho, ya que sé, que tengo que dejar de llorar, y consolar a esa niña pequeña que ahora se encuentra asustada, decirle que todo esta bien, porque ahora, después de todo, solo me tiene a mí.

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